Apuntes clínicos de los estudiantes del curso, a propósito de la exposición del Dr. Wilfredo Pedraza (Defensoría del Pueblo), del miércoles 20 de mayo de 2009.
¿Qué es la cárcel? Este concepto trae consigo diferentes definiciones, según el contexto social/político en el que se mencione, será un laboratorio en el cual se cambian conductas, un lugar en donde se cumple una condena, un área de la sociedad en donde se inocua a quien delinque (al malo hay que “destruirlo”) y para el Dr. Pedraza es un “centro reproductor de violencia”.
Para los penitenciarios, la cárcel es sinónimo de hacinamiento, promiscuidad, violencia interna, servicios básicos deficientes. En efecto, la prisión es un centro anormal de vida, pero estas características mencionadas están tan acentuadas que tergiversa el sentido de la prisión y acentúan su aspecto de criminalización.
La violencia interna y la necesidad de sobrevivencia, han institucionalizado ciertas prácticas generadas por los grupos de poder, que son los reos más antiguos o con mayor capacidad física.
Esta violencia se comete contra los grupos vulnerables, quienes deberán pagar para tener visitas, pagar para tener un mínimo de seguridad y hasta pagar para no ser violados.
Nuestro Código de Ejecución Penal señala criterios básicos de separación de internos, como por ejemplo, procesados de sentenciados, primarios de reincidentes, menores de 21 años de los mayores de edad. Sin embargo, en la práctica ello no se ejecuta, lo cual genera que muchos jóvenes que ingresan por vez primera al penal sean expuestos a violaciones de todo tipo (sobre todo en penales de varones como sucede en San Pedro, ExLurigancho). Es lamentable comprobar que, a pesar de la existencia de un reconocimiento como derecho fundamental de toda persona privada de libertad a ser tratada humanamente, a que se respete y garantice su dignidad, su vida y su integridad física, psicológica y moral, en la práctica esto no se cumple íntegramente, y no se tome atención la grave situación de violencia que se genera adentro de estos centros de reclusión.
La religión se ha convertido en un pilar muy importante en la cárcel. Esto de la mano de cursos de danzas, fútbol, entre otras actividades, les generan espacios de distensión, para reducir la violencia cotidiana, pero esto no es suficiente. La cárcel es un centro reproductor de violencia. Los que ingresan deben adecuarse a esta forma de vida. No modela conductas, no cumple con un fin resocializador, esto es una ficción. El expositor propone redefinir el concepto de la pena para intentar darle un contenido al concepto. La cárcel no “resocializa”, sino mas bien “desocializa”.
junio 10, 2009 a las 5:56 am |
En las cárceles como podimos apreciar de la exposición de Perez de Guadalupe y su libro, existe toda una pequeña sociedad con sus propias reglas y sus propios valores. Mucho de esto se basa en el dominio del más fuerte, siendo siempre las personas más vulnerables las que sufren más. Uno es más fuerte en el penal cuando tiene un grupo que lo respalda y el peor castigo es quedarse sin un grupo.
Uno debe de adecuarse, como dice Pedraza, a la forma de vida en la cárcel, es la única forma de sobrevivir, en ese sentido no se puede hablar de resocialización, una persona que vive 5, 10 o 15 años de su vida en un penal peruano no va a regresar resocializado, va a encontrarse con una sociedad diferente, la cual lo va a rechazar, la cual no le ofrecerá trabajo por su pasado. A una persona asi no le quedará otra opción que utilzar todo lo que ha aprendido en las “escuelas del crímen”.